Una de las consecuencias de tener tan cerca la Navidad, es que todavía queda algún proyecto temático coleando por ahí. La entrada de hoy va sobre eso.
Cuando a primeros de diciembre nos pusimos a decorar la casa, me encontré con un "problemilla" ya antiguo. Y es que tengo varios copos de nieve hechos a ganchillo que, al colgarlos en el árbol, quedan eclipsados entre el resto de adornos y me da pena. Cuando me quejé de ello en voz alta, mi marido me dio la solución, "¿por qué no los enmarcas y haces un cuadro con ellos?".
Dicho y hecho.
Lo primero que hice fue mezclar cola blanca y agua a partes iguales. Se me ocurrió poner una cantidad indecente un poco de purpurina plateada a la mezcla a ver que pasaba y metí los copos. Después los coloqué sobre plástico de cocina para que se secaran. Al día siguiente repetí la operación para darles más consistencia, aunque ahora creo que no hubiera sido necesario.
Compré un marco de los de colgar fotos como si fueran prendas de vestir. Lo desmonté y cambié el cordel que traía por este rojo y blanco más navideño. Al presentar los copos me pareció que quedaba algo soso, así que cogí cinta de carrocero para hacer una separación y, con la misma mezcla donde bañé los copos, pinté la parte inferior del lienzo.
Decidí seguir el principio de "nunca es demasiada purpurina". ¿Qué nunca lo habéis oído? debe ser porque me lo acabo de inventar. El caso es que con la misma brocha de pintar el lienzo escurrida, fue poniendo más purpurina hasta que me gustó como quedaba.
Y, por fin, colgué los copos como si estuvieran tendidos al sol. Me ha encantado el resultado y, la única pega, es que lo tengo que guardar hasta el año que viene.








































