17 de noviembre de 2011

A esta no sé como llamarla

Y es que yo tenía preparada una entrada sobre el libro que acabo de empezar y que, al contrario que los dos últimos, me está encantando. Pero han surgido otras cositas y voy a tener que dejarla para otro día porque si no va a ser una entrada kilométrica.

Lo primero es que, como veis, he tenido que volver a cambiar el look del blog porque la página de donde me bajaba los backgrounds daba un mensaje de que no tenía suficiente bandwith (o algo así). Y además me insertaba una especie de "cosa" en mi blog, que iba bajando y subiendo según te movías por la página con el mensaje anterior. Así que ahora tengo este, que no me gusta tanto pero que me hace el apaño.

Segundo. Creo que es de recibo que, después de todo lo que he despotricado sobre el tema de la revista The Gift of stitching, ahora os cuente que la editora ha meditado sobre el tema y ha dado marcha atrás. Esta mañana tenía un mail suyo diciendo que había recibido un aluvión de quejas y preguntas y que había comprendido que la decisión había sido equivocada. Fue tomada en un momento de agobio y sin pensarlo detenidamente. Así que va a enviar el dinero de las subscripciones canceladas a sus clientes y ahora ofrece la posibilidad de recibir los 12 ejemplares por los que habíamos pagado, aunque sea en un periodo de 2 años en lugar de 1. Por mi parte voy a mantener la decisión que tomé básicamente por pereza, no me apetece volver a hacer la subscripción. Pero quería reconocerle el mérito de ser capaz de reconocer un error y enmendarlo, no todos somos capaces de hacerlo.

Y tercero, quería poner un texto que encontré esta mañana trasteando en Internet y que me ha parecido muy sabio. Esta en inglés, debajo traduzco.


El mayor error que he cometido como madre es el que cometemos la mayoría... no viví el momento lo suficiente. Lo veo claro ahora que el momento ha pasado y quedó inmortalizado sólamente en fotografías. Hay una foto de mis 3 hijos sentados en la hierba sobre un edredón a la sombra del columpio en un día de verano, tenían 6, 4 y 1 año respectivamente. Me gustaría poder recordar lo que comimos, de lo que hablamos, como sonaban sus voces o como eran sus caras cuando dormían por la noche. Me gustaría no haber tenido tanta prisa para hacer la siguiente cosa: cena, baño, cuento, cama. Me gustaría que hubiera atesorado el "hacer" un poco más y el "ya está hecho" un poco menos.

Y esta es una lección que se debe y puede aplicar a todos los ámbitos de la vida. No recuerdo de qué blog lo he bajado (sorry) pero muchas gracias. Me ha hecho pararme y recordar algo que ya sabía.

4 comentarios:

Paloma dijo...

Es un texto precioso. Y si, hace falta entereza para reconocer un error y enmendarlo, no todos somos capaces de hacerlo.

Angeles dijo...

Estupenda reflexión.
Un saludo

Carmen dijo...

Todos los errores que se reconocen son buenos lo malo es cuando no los reconocemos. Gracias por visitar mi blog es tuyo es precioso .Carmen

Cristina dijo...

Hola Olga! Te diré que a mi me gusta el fondo, me parece muy romático y elegante...muy musical...jiji!
Me alegra que el tema de la suscripción se haya arreglado!
Y respecto al texto, totalmente de acuerdo, a veces vivimos a cien y no disfrutamos de las pequeñas alegrías y milagros de la vida cotidiana!

Besos.